I

 El exorcista alejó la palma de su mano de la cabeza del hombre reclinado sobre la camilla. Este arqueó su pecho y su respiración se detuvo, luego abrió los ojos, los que comenzaron a salirse de sus órbitas, y emitió un graznido ahogado.

El hombre de pie, vestido de negro, recitaba unas frases de un libro abierto en su mano izquierda. Había hecho suficientes exorcismos en su vida para diferenciar a un loco de un embaucador o un poseso. Este pertenecía a los últimos, y por lo que podía ver, el demonio no tenía ninguna gana de abandonar el cuerpo.

  • ¡Dime tu nombre! – exigió el exorcista – ¡Revélate en voz alta, ante la luz del trino de Zetatul!
  • ¡Jamás! – espetó el poseído – ¡Tú no tienes autoridad sobre…!
  • ¡Suéltalo, bestia infernal! – le interrumpió – ¡Mi mano se enviste con la luz sagrada de los siete sellos de Aljbara! ¡Me dirás tu nombre, caído, o tu dolor será infinito!
  • ¡Mataré al huesped! – amenazó el hombre con una voz que no era de este mundo.
  • ¡En el nombre de…los tres… arggg…. señores del trino de la luz…. te despojo…de tu… – el exocista intentaba enunciar las palabras contra un repentino ventarrón que se había levantado al interior del subterráneo sin ventanas. Las velas se apagaron y todo quedó en oscuridad – te despojo de… de tu … cuerpo astral!

Un grito ascendió desde el fondo de la garganta del poseído mientras un aura brillante se delineaba sobre su cuerpo. La antinatural luminiscencia azulada se adelantó de golpe y adquiró los rasgos distintivos de una criatura con las cuencas vacías, la que gritaba aterrorizadamente.

  • ¡Me lo llevaré!- carraspeó – ¡Me lo llevaré al…!
  • ¡Dime… tu… nombre! – y alejó la mano de la frente del hombre con enorme dificultad. Este era un pez grande.
  • Aaaaaaarggggggonnnnaesssssssshiiiii! – siseó.

¿Argonaeshi? ¿El demonio primordial de la tribu Sambutana del centro de África?

  • Te ordeno, a la luz purificadora del trino de Zetatul, que abandones este cuerpo mortal y entres en esta vasija, Argonaeshi.
  • Jaaaaaaamaaaaaaaaas….
  • ¡Ahora! – y dio un jalón a una cuerda invisible que ataba su mano con el espíritu parásito. La forma lumínica vagamente antropomórfica se convirtió en un hilo de luz que abandonó el cuerpo del poseso y flotó directamente a una vasija de cerámica ornamentada con curiosos símbolos en su superficie. Entró con un suspiro y el exorcista la tapó de inmediato mientras pronunciaba votos de atadura y contención. Entonces respiró en paz.

El consultante yació en la camilla, y en plena oscuridad se escuchó como su jadeo de supervivencia se transformaba en un lento y profundo sollozo. Estaba libre y, sobre todo, estaba vivo.

II

El consultante se había ido. Su familia vino a buscarlo y se marchó con él, previo pago del “tratamiento psicoenergético”. No era demasiado dinero, por lo que su agradecimiento fue sincero.

El exorcista se despidió de ellos con visible rostro de cansancio. Los siguió con la vista mientras atravesaban su jardín, y luego de despedirse una última vez con la mano, borró su sonrisa cordial, cerró la puerta y echó llave.

Descendió al subterráneo siguiendo la luz de su linterna. El lugar hedía a una mezcla de olores que habrían hecho ariscar la nariz de cualquier persona; el sebo de las velas, el sudor del cuerpo humano en estado de terror y el particular olor de las alimañas espirituales al ser arrancados del huésped flotaban en el ambiente, impregnando el suelo de madera y los muros circundantes.

Se aproximó a la jarra blanca con símbolos azules. La tomó y sopesó. “Así que Argonaeshi”, reflexionó. “Están llegando desde muy lejos”.

Se aproximó al muro del fondo y recitó unas palabras inteligibles de un origen tan antiguo que era probable que los primeros labios en pronunciarlas no hubiesen sido humanos. De improviso, un chasquido recorrió el cuarto, y frente a él destelló una franja vertical de luz azul, la que se expandió al develarse la habitación secreta que todos los miembros de su orden tenían. El exorcista apagó la linterna y entró.

A una temperatura cercana a los frescos 18 grados, el cuarto albergaba estanterías repletas de jarrones iguales al que portaba. Buscó un lugar entre los ilustres y decidió dejarlo al lado de Bastophet, el que había imprisionado la semana pasada. Acarició la suave superficie de la cerámica como un niño contemplando un juguete admirable. Paseó su vista por el lugar, y se dirigió hacia el sitio donde reposaba aquel demonio con el cuál conversaba cada vez que podía.

Con el tiempo, le había pintado incluso unos símbolos de color rojo a su vasija para diferenciarlo del resto, contraviniendo las enseñanzas de su maestro sobre la exactitud tanto del color como del número de sellos que debían tener las prisiones. No le importaba; aquél viejo se había equivocado claramente, como había descubierto al romper las reglas.

Recordó el curioso hormigueo que sintió al atrapar este ejemplar. Varias veces le dieron ganas de sacarlo, pero su férreo entrenamiento le permitió pasar por la tentación. Sin embargo, en sueños y luego a través de varios textos descubrió una manera de contactarse con aquél demonio sin necesidad de sacarlo de la botella. Se negó durante largo tiempo a hacerlo, con la clara conciencia que esto era justamente lo que aquella criatura quería.

Un día, sin embargo, no aguantó más. Con un simple pincel y pintura roja para cerámica, se acercó con temor reverencial, sabiendo que estaba a punto de cometer una herejía que pondría en peligro su vida y la existencia de todo lo que lo rodeaba. La lucha de voluntades fue encarnizada: desde la vasija surgía un encanto, un dulzor que jamás había conocido. Era superior a las sensaciones de estar con su primer amor, del encuentro con la luz de la trinidad, de la satisfacción serena de sanar a quienes lo consultaban.

Su fuerza de voluntad, el saber que hacía lo correcto al respetar las reglas, se caía a pedazos; Con el corazón absolutamente acongojado, con una pasión encendida que arrasaba su voluntad como fuego en un campo de trigo, levantó la mano y dibujó el primer símbolo en estado de tensión extrema, llorando.

Como muchas cosas en la vida, luego del primer paso, el resto fue más sencillo. Dibujó toscas representaciones de una serie de códigos que se dibujaban en su mente, los cuales podía ver cuando cerraba los ojos. Al finalizar, suspiró, y escuchó claramente la voz de Loki, el cuál lo felicitaba y le invitaba a estar sin miedo junto él, pues no le haría daño jamás.

Durante muchas sesiones, conversaron largos periodos de tiempo. Así pudo enterarse  que el fin del mundo, o Ragnarok, se aproximaba a pasos agigantados.

  • Empezarás a notar que demonios o entidades de lugares lejanos aparecen acá, en tu refugio. Desde África hasta la India, desde México al Tibet y la China, todos están inquietos, porque saben que se aproxima el fin de los tiempos.
  • ¿Y cuando sucederá?

La voz adquirió un tono sensual y juguetón.

  • ¿Y para qué quieres saber? Tú no te vas a salvar. Nadie lo hará.

El hombre se revolvió inquieto.

  • ¿No hay nada que hacer? – preguntó con voz avergonzada.
  • No estarás intentando hacer un trato con un demonio – sugirió la voz, y en su mente sonó una encantadora carcajada.

El hombre se fue indignado aquella vez, y no volvió a entrar durante tres semanas, cuando comenzó la avalancha de demonios en su consulta.

Empezó con un joven que llegó recomendado por un antiguo paciente. Efectivamente tenía un demonio de nombre árabe. A la semana siguiente, una mujer llegó derivada por su superior; una súcubo se revolvía en su interior.

De esta manera, una semana tras otra, sin parar, comenzaron a llegar personas poseídas. Sus compañeros se mostraban sorprendidos, pues no daban abasto con la cantidad creciente de posesiones. Los sacerdotes católicos también estaban a manos llenas.

Dada la gravedad del asunto, se realizó un cónclave secreto de exorcistas en un lugar indeterminado del mundo, al cuál asistió el Superior de la orden. Una semana después, este reunió a toda la orden en la Capilla Central de Zetatul.

  • Hermanos, tenemos grandes problemas entre manos – dijo sin introducción – La creciente horda de posesiones tiene que ver con el fin de los tiempos.

Un murmullo de preocupación recorrió el salón circular, construido en alabastro y coronado por un domo alto, desde donde pendía el símbolo del Trino de la Luz labrado en oro macizo.

  • Todo parece indicar que en algún momento de este año, un gran fenómeno cósmico afectará a nuestro planeta, poniendo en riesgo de extinción a toda la vida sobre él.

Presionó el botón de un control remoto diminuto que traía consigo, las luces se apagaron y comenzó una proyección sobre el fondo blanco.

  • Estos rollos corresponden a fragmentos apócrifos de la biblia encontrada en el mar muerto. Cuatro de ellos extienden el capítulo del apocalípsis, dando mayores explicaciones sobre las posiciones de las estrellas y las características de los movimientos geoenergéticos que sucederán previamente al cataclismo. Todos ellos se han cumplido ya.
  • Hermano – interrumpió uno de los asistentes – Exactamente ¿a qué se refiere cuando habla de “cataclismo”

El Superior dio una mirada a sus segundos en línea de sucesión, y asintieron con la cabeza.

  • Se producirá el paso de una serie de asteroides de origen desconocido a corta distancia de nuestro planeta, estableciendo un cinturón que circunvalará el sistema solar al quedar atrapado por la gravedad del sol. Este nuevo cinturón alterará órbitas de planetas y lunas, particularmente Venus, la Tierra y Marte. Los resultados son absolutamente impredecibles, pero ciertamente serán catastróficos. Aunque ninguna de estas rocas nos impacte, lo que significaría el fin de toda la vida de manera instantánea, de todas maneras se modificará nuestra órbita, por lo que los terremotos, maremotos y tormentas eléctricas estarán a la orden del día.
  • Hermano ¿Y esto que tiene que ver con los demonios? – preguntó el exorcista mientras se acordaba de la conversación con el casquivano Loki – ¿Acaso ellos no son seres multidimensionales, a los cuales no les afectaría nuestra desaparición?
  • Te equivocas en eso – le respondió – Si bien son seres de otra conformación, los demonios en sus distintas categorías son siempre demonios humanos; esto significa que dependen de nosotros para su subsistencia. Existen otras entidades en la creación que no tienen ningún significado para nosotros, y nosotros para ellos tampoco. Pero particularmente los demonios dependen de la humanidad y de algunas otras especies para su existencia.
  • ¿A qué nivel? – preguntó nuevamente, intrigado.
  • Para su representación de sí mismos. Verás, los demonios son mensajeros de orden superior, los cuales dependen de otros seres con conciencia para ser funcionales. Si no pueden desarrollar su función, se vuelven una energía latente e inútil, hasta que encuentran alguna entidad en la cuál manifestar su función.

El silencio se hizo en el salón, mientras los ecos de la voz del Superior se extinguía.

  • Es por eso que están intentando colocar avatares y parte de sus manifestaciones en nosotros. Quieren encontrar una forma de escape de este cataclismo.
  • Ragnarok – musitó el joven.

III

  • Veo que has vuelto convertido en un creyente – se burló Loki.
  • ¿Hay alguna manera de salvarse?
  • Claro que sí. De otra manera no estarías conversando con una manifestación mía, la que se dejó atrapar en una ceremonia a la que le faltó mucho para ser convincente.

Luego de un tiempo conversando con él, el hombre se había acostumbrado a su particular trato.

  • ¿Cuál es la forma de salvarse?
  • Soy un demonio. ¿Me creerías?
  • Por supuesto que no – suspiró el hombre – pero me produce curiosidad escuchar tus alternativas.
  • Los humanos son todos iguales. Nunca recuerdan que la curiosidad mató al gato. Muy bien, ahora te explicó cómo podemos salvarnos.

“La tierra no resultará dañada con el paso de la Lanza de Odín, pero sí morirán todos los seres vivientes. La única forma de aislarse de esta energía es al interior de las cámaras de contención que nos tienen imprisionados”

– ¿Estas cámaras de contención? – preguntó el hombre mirando a su alrededor. Desde los jarrones se estiraban sombras ominosas por todo el lugar.

“Verás; el mismo material y runas que nos contienen en estas vasijas permiten aislar cualquier tipo de energía de cualquier nivel. Lo que tienes que hacer es bastante simple: ya tienes acá tu propia arca de Noé. Todo sucederá de improviso, y será breve. Si sobrevives, necesitarás alimento y agua suficiente para vivir un año. Al final de ese tiempo, renacerá una nueva tierra con un nuevo orden mundial.”

  • Es muy bonito y simple. Hay una trampa en esto.
  • Si – admitió Loki.
  • No te creo nada.
  • Es sabio no creerle al Dios del Engaño. Pero lo que te voy a decir ahora es verdad: tú morirás, al igual que toda la humanidad, si no me haces caso.
  • ¿Qué es lo que ganas tú con todo esto, Loki?
  • ¿Yo? Sobrevivir. Por eso nos dejamos atrapar.
  • Si mueren todos los seres vivientes del planeta, ustedes perderán su función.
  • Es por eso que necesitamos que algunos de ustedes vivan.

El hombre quedó mirando la vasija mientras la luz de la conciencia lo golpeaba con toda fuerza.

  • Quieren tener esclavos.
  • Más bien alimento, humano. Nos alimentamos de ustedes.

Se alejó lentamente de la vasija, como si esta pudiera lanzarse al cuello en cualquier momento. Comenzó a escuchar un murmullo parecido al susurro del viento, el que fue adquiriendo cada vez más definición. Era risa, la risa de los demonios enclaustrados en las vasijas.

De eso se trató todo el tiempo. Por un momento pudo ver toda la verdad: los exorcismos habían sido la carnada, y los exorcistas de todo el mundo, en todas sus formas, no eran otra cosa que ganado.

Durante todo este tiempo los habían estado cultivando.

  • ¡No te saldrás con la tuya! – le gritó a la vasija de Loki, y se dio vuelta, apuntando al resto de los recipientes con el dedo mientras retrocedía hacia la puerta – ¡Ninguno de ustedes lo hará! ¡Volverán a su infierno particular de donde vinieron y nadie, ni el mismo Dios los podrá devolver a la tierra! ¡Lo juro por todo lo sagrado que hay en el universo!
  • No hagas juramentos que no podrás cumplir – respondió la voz de Loki.

La puerta tras de sí se cerró de golpe. La luz interior titiló durante un eterno instante, y se apagó.

  • Tú serás nuestro heraldo.

Un temblor agitó el cuarto, y las vasijas tintinearon.

  • No – murmuró con temor – No puede ser.

El final había llegado.

El movimiento se aquietó. Las luces de emergencia se encendieron con timidez en el fondo del cuarto. Entonces vino el terremoto.

Las estanterías se vinieron abajo y el sonido de la cerámica haciéndose añicos contra el suelo se sumó al rugido de la tierra. El ruido combinado ahogó los gritos de desesperación del hombre, quién arañaba las puertas implorando a todas sus creencias que lo dejarán salir de ahí.

El torbellino fue eterno. En medio de aquella catástrofe sin precedentes en la historia humana supo que a sus espaldas se alzaban sombras sin cuerpo y deseó estar muerto. que la tierra aplastara su casa. Pero eso no ocurrió. Como todas las cosas en la existencia, luego de un tiempo indeterminado disminuyó la intensidad del movimiento y en un instante terrible todo volvio a quedar en silencio, detenido.

En aquellos instantes sintió la pausa que hay entre un latido de corazón y otro. Sudaba helado, su respiración subía y bajaba con el terror de enfrentarse a lo inenarrable que se erguía atrás suyo. Afirmó con una mano el signo del trino de la luz, oró su credo y temblando, se dio vuelta.

Lanzó el último y mayor chillido de su vida cuando los demonios se abalanzaron sobre él.

Mientras devoran el alma y la carne del exorcista, la voz de Loki se multiplicó y con esa cacofonía le dijo a su victima.

  • ¿Lo sientes? ¿Sientes la gloria del dolor y la desesperación infinita? Bien, mi humano, muy bien. Esto – he hizo una pausa para mirar las cuencas sanguinolentas en cuyo fondo reposaba lo que alguna vez fueron ojos – esto es el infierno.