– ¿Y? – dijo el ejecutivo al tiempo que se sobaba las manos – ¿Qué tenemos para la cena de hoy?

– Gambas al ajillo – respondió el mozo. –

– Muy bien. ¿Qué más?

El joven consultó el menú de la habítación y respondió. – Lomo liso a medio punto con guarnición de verduras.

– Ya, está bien – dijo el hombre con cierto desgano– ¿Algo más?

– Eehhh si. Flan de Vainilla con salsa de…

– Disculpa que te interrumpa, muchacho, pero ¿tú eres nuevo?

– Si señor. Me enviaron desde la cocina para…

Sin escuchar nada más, avanzó hacia el enjuto joven y se le pegó al cuello como una lamprea sedienta. Ni su pataleo ni sus estériles chillidos lo hicieron retroceder.

Un vez saciada el Hambre, se sentó satisfecho pero algo culpable. ¿Habrían tenido la decencia de haberle insuado que él era la cena? Observó momentáneamente esos ojos vacíos, sin vida, y decidió que tendría que hablar con la administración sobre los modos de enviarle la comida.

Podía soportar la ignoracia, pero tendría que dejar claro que no le gustaba jugar con sus presas. Eso era para los animales.