Las medidas fueron desesperadas. Era esto o dejar que una lluvia de asteroides impactara la tierra, destruyendo, una vez más, toda la vida.

El error fue el no hacer partícipe al ciudadano común. No querían hacerlos entrar en pánico; por una parte, porque el experimento podría resultar mejor de lo esperado y entonces los gobiernos mundiales tendrían que enfrentarse a situaciones de caos que podían evitarse de antemano, y en segundo lugar, si no funcionaba, era mejor que la gente se mantuviera tranquila, viviendo su vida, hasta el momento del fin.

Sin embargo, las variables eran tantas que no había manera de controlar el resultado final. Y una vez ejecutado, no sucedió nada de lo mencionado arriba.

La Tierra vaga ahora por un espacio extraño, un extranjero en tierra desconocida.