La fiesta había sido un éxito. Con docenas de embajadores y políticos importantes, la seguridad había sido perfecta, la comida y la bebida inmejorables y la música muy bien seleccionada. Los grupos elegidos para entretener a los comensales habían estado en el nivel más alto y los regalos fueron simples pero elegantes.

Realmente era necesario un momento así en estos tiempos de guerra. Los tensionados asistentes salieron contentos y relajados, y eso era impagable. Todo gracias a su mujer y a las esposas de los embajadores del Reino Unido, Corea del Sur, España y Francia, las artífices de la fiesta. La reunión de ellas en Paris había sido fructífera, según podía comprobar.

Pero su mente no estaba en eso ahora, regocijándose en las carnes de su esposa. Un increíble preámbulo y luego aquel culo redondo, profundo y de glúteos grandes y firmes. ¡Cómo se la estaba tirando!

Su mujer gritaba cada uno de sus orgasmos, mientras el primer ministro le pedía cosas sucias y le gritaba y golpeaba en las nalgas hasta dejarle la piel enrojecida. La mujer, gozosa, accedía a todos sus pedidos.

Un par de horas después, cuando ambos yacían entre las sábanas, sudorosos y  extasiados, el hombre tomó su celular y digitó una combinación numérica. Luego de eso, se durmió profundamente.

Al amanecer, la suave piel de la mujer lo despertó con un roce cariñoso.

–         Hola amor – le susurró en el oído.

El primer ministro refunfuñó un “buenos días”, y un par de minutos después la miraba con sus intensos ojos azules. Ella estaba radiante, hermosa como mucho tiempo no la veía así. Acarició su rostro con el dorso de la mano, y su voz surgió rasposa en un primer momento, para luego derivar a su usual tono grave.

–         Gracias amor, estuvo increíble.

–         De nada – le respondió ella con una sonrisa.

–         ¿Hace cuanto tiempo que no lo hacíamos así?

–         Bueno – titubeó un momento – yo no me sentía así hace un tiempo- Lo besó con pasión y profundidad. – Pero esta guerra nos tenía demasiado ocupados.

El hombre sonrió con ternura. La abrazó fuertemente.

–         Echaba de menos esto, con tanta fuerza que no tienes idea – Dicho esto, su rostro cambió de manera perceptible. La mujer percibió el cambio.

–         Amor ¿pasa algo? – le preguntó la mujer.

–         Sólo quiero darte las gracias, y pedirte mis disculpas. – Dicho esto, se puso de pie y caminó hacia la puerta principal. La abrió y cuatro hombres vestidos de negro y anteojos oscuros ingresaron con rapidez para colocarse con las manos cruzadas tras la espalda en cada una de las esquinas de la cama. La mujer se tapó con la ropa de cama y miró con temor al primer ministro. Antes que ella hablara, él se lo explicó.

–         El trabajo de inteligencia de tu nación fue impresionante, hay que reconocerlo. Se fijó hasta en los más mínimos detalles. Pero falló en una cosa, algo tan íntimo que sólo mis colaboradores más cercanos conocen.

Ante el creciente terror de la mujer, el hombre le devolvió una sonrisa triste

–         Lily es frígida. Gracias por la noche y, por favor, coopera de buena gana con nosotros.

Dicho esto, cerró la puerta y dejó a la extraña a merced del interrogatorio.