Algunas veces la vida vale la pena sólo como tránsito para llegar hasta un momento puntual, para ser partícipe o testigo de algo más grande que uno mismo, algo inclasificable, fuera de todo tiempo, espacio o margen de realidad.

El mío es ahora. Estoy viendo nacer una estrella frente a mis ojos, y la tengo entre mis manos.

¿Estoy loco? ¿O muerto? Ninguna de las dos, por el momento al menos.

Estoy dentro del campo entrópico, donde sólo la conciencia puede permanecer sin ser despedazada por las fuerzas infinitamente colosales de este nacimiento.

Y pensar que comienza tan sólo como una chispa, dorada, pequeña e inofensiva. En su interior pulsa un corazón de luz blanca encegecedora y la superficie es recorrida por una corona dorada, como un mar de fuego cuyas corrientes son calmas. Alrededor, sólo hay oscuridad.

Creo que afuera todo está en caos. Mis colaboradores del laboratorio corren desesperados, pensando que van a morir.  Y bueno, es cierto, moriran en una milesima de segundo, pero no sentirán nada. La onda expansiva de la nueva estrella los desintegrará tan rápido que no hay neurotransmisor que alcance a transmitir señales de dolor a un cerebro que será polvo mucho antes que partan las señales químicas.

Yo tengo el privilegio de darme vuelta para ver todo esto. El mismo universo se ha detenido y puedo contemplarlo todo, incluso las conexiones que hay entre las estrellas. No sabía, y nadie sabrá nunca, que todas las estrellas están conectadas en una red de luz invisible a todos los instrumentos que tenemos. Parecen columnas de luz, ordenadas como una reja o una tela de araña universal. Lástima haberlas descubierto tan tarde. Quizás nos habrían servido para viajar por el universo.

La tierra se volverá humo en un poco más de un segundo desde este nacimiento. ¿Error humano? Más bien diría voluntad divina.

La paz y la calma que siento ahora es inmensa. Pienso tan claramente, y tengo la certeza absoluta del que no desea nada y recibe todo.

Y es que no pueden haber errores en el universo… sólo respuestas inesperadas a modelos preconcebidos. Los motivos para que una estrella nazca o se cree un agujero negro o aparezca la vida son infinitos. Algunos son más comunes que otros, pero todas las vías son válidas para la creación. Y si nosotros, como especie de tan sólo un millón de años de existencia, hemos recorrido el camino hasta acá para crear una nueva estrella y darle por fin su binariedad a nuestro solitario sol, entonces que asi sea…

Así que, querido sol, somos los padres de tu nuevo hermano. Ve con él, hijo nuestro.

Ya puedo partir en paz. He sido testigo del nacimiento.