SOBREVIVIENTE

El último hombre de la tierra se encontraba sobre una colina. A la distancia, en la creciente noche, las auroras radiactivas chocaban con el campo magnético de la tierra, formando cañones y valles invertidos en el cielo. Toda una topografía variable hecha de luz fantasmal para que un sólo ser pudiera contemplarlo.

Primero fueron las bombas, luego la gente gritando, abrazada entre sollozos. Después el fuego, las ondas de choque y la lluvia radiactiva. Vinieron los militares y tiempo después desaparecieron. Luego los animales salvajes, heridos o enfermos, llenaron las calles y los antiguos dominios del hombre fueron reclamados por aquellas patéticas criaturas de Dios, y finalmente también desaparecieron.

Luego estuvo ese periodo de oscuridad. Se levantaron los muertos de sus tumbas, y las calles y campos se poblaron de extraños y pesadillezcos monstruos, y su reinado duró un tiempo. Pero finalmente, como todo, también terminó.

Ahora quedaba sólo él. Sentado, reflexionaba su soledad y lo que había sido la historia de este mundo, historia que se acabaría para siempre tras su última exhalación.

A un costado, una pila de basura se movió, reclamando su atención.

Un sonido de rasguño surgía por debajo de la pila de cartones, papeles y bolsas. Segundos después, un par de antenas y un cuerpo negro y pequeño apareció de su improvisado refugio.

Hombre y cucaracha se miraron fijamente. La evolución, en sus manifestaciones extremas, se encontraba por fin.

La vida acababa de encontrar a la vida.

El hombre tanteó lentamente a un costado suyo, sin quitarle la vista a ese pequeño milagro. Extrajo un cilindro con líneas negras y amarillas, apuntó y roció al bicharraco con un líquido de olor penetrante.

El bicho huyo del lugar, con estertores de muerte. Y por si había más, el hombre roció toda la basura adyacente al lugar.

Se volvió a sentar con melancolía. Mientras seguía reflexionando sobre lo vivido en años anteriores, una voz primitiva sonaba por debajo de sus pensamientos.

“¿Una cucaracha, la última sobreviviente del planeta? ¿Un bicho inmundo superior al ser humano? ¡A la mierda! ¡Sobre mi cadáver!”

La vida, como era de esperarse, se extinguió.

Para Gaico.